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¿Por qué Colombia no es prioridad para las consultoras estadounidenses?

Consultoría pública en Colombia
Alfonso Medina Fuentes, Director General C & M Consultores
Alfonso Medina Fuentes

Director General

Alfonso Medina Fuentes, Director General C & M Consultores
Alfonso Medina Fuentes

Director General

Hace unos días, mientras veía una y otra vez en los medios una imagen esperanzadora —la reunión entre el vicepresidente electo José Manuel Restrepo y el secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio—, me quedó dando vueltas una paradoja que he visto durante años en el sector infraestructura: Colombia y Estados Unidos han sido socios cercanos en la diplomacia, el comercio y la política exterior, pero no necesariamente tan cercanos en la consultoría pública de alto nivel.

Entonces, si Colombia es uno de los principales aliados de Estados Unidos, ¿por qué las grandes consultoras “gringas” parecen tener una participación tan limitada en los proyectos estatales más emblemáticos del país?

Mi inquietud no es menor. En las últimas dos décadas, Colombia ha desarrollado algunos de los programas de infraestructura más ambiciosos de la región: autopistas 4G y 5G, sistemas férreos, transporte masivo, aeropuertos y proyectos energéticos. No hablo desde la distancia: en C & M Consultores hemos participado como consultores en la estructuración de proyectos como El Dorado II, la Troncal del Magdalena, Estanquillo–Popayán y, más recientemente, Boquerón–El Tablón; y como interventores en iniciativas como RegioTram de Occidente, la concesión aeroportuaria Centro Norte y otros proyectos relevantes. Ahora bien, si me preguntan en cuál de ellos nos acompañó una consultora estadounidense, la respuesta es simple: en ninguno.

Firmas internacionales que apostaron por la consultoría en Colombia

En el mercado colombiano de la consultoría pública de alto nivel, los jugadores internacionales más frecuentes han sido, sin duda, los españoles, que pese a la distancia llegaron para quedarse. Firmas como Ayesa, Sener, IDOM, AERTEC, Euroestudios y muchas otras —que me excusen los socios que dejo por fuera— han tenido una participación constante y protagónica en el país. Los mexicanos, con compañías como Grupo Cal y Mayor y Grupo Triada, también encontraron oportunidades y supieron aprovecharlas. Incluso consultoras italianas como Progin, Italferr y Anas o inglesas como Steer, Arup y Mott MacDonald decidieron cruzar el Atlántico para competir en Colombia. La pregunta, entonces, resulta inevitable: ¿dónde están las firmas estadounidenses?

Quizás el caso más visible que viene a mi cabeza es AECOM, una de las mayores firmas de ingeniería y consultoría del mundo y que ha tenido una participación protagónica en el país. Su presencia en el mercado local demuestra que sí es posible que las firmas estadounidenses compitan y aporten en proyectos estratégicos locales. Pero precisamente por eso resulta llamativo que la lista no sea mucho más extensa.

¿Qué limita la participación de las firmas estadounidenses?

Llama la atención que compañías como Jacobs, Tetra Tech, Parsons y Black & Veatch, que juegan un papel preponderante en la consultoría global, no parezcan mostrar mayor interés por los procesos de consultoría en Colombia —al menos no en los que las entidades públicas convocan a través del SECOP—, en un país donde la infraestructura y, en particular, la consultoría especializada, aún tienen un amplio margen de crecimiento. Según el Global Infrastructure Hub, la inversión en infraestructura en Colombia se ubicó en 2,5% del PIB, por debajo del 3,6% entre los países de ingreso medio alto. Entonces, si hay margen y oportunidad de crecimiento, lo natural sería que las consultoras estadounidenses también se interesaran por quedarse con una porción de esa torta.

La explicación no está en una sola causa. Puede ser que el tamaño de los contratos de consultoría estatal no alcance, por sí solo, a justificar los costos de entrada de una firma global, o que el perfil de riesgo del país encarezca la decisión de invertir tiempo y capital en el mercado local, pues con una prima de riesgo elevada, que valga la pena decir ha venido bajando tras la posesión del nuevo presidente, el apetito inversionista se ve afectado por la percepción de estabilidad, retorno y seguridad jurídica. Muchas otras razones pueden haber limitado la entrada de las consultoras estadounidenses; sin embargo, al ver que tantas firmas internacionales han logrado mantenerse en el mercado público local, me inclino por una explicación más simple y reveladora, la que me dio alguna vez el representante de una de las consultoras norteamericanas más importantes mientras conversábamos sobre el tema: “El problema es de ADN: Colombia no es una prioridad para nosotros”.

¿Puede cambiar la relación Colombia – Estados Unidos?

No obstante, en medio de esta ola de optimismo que despierta el nuevo gobierno, quiero pensar que el fortalecimiento de la relación entre Colombia y Estados Unidos puede ser una oportunidad para cambiar esta historia. No porque Colombia necesite consultores que vengan a enseñarle cómo hacer las cosas. Las firmas colombianas hemos demostrado durante años que tenemos con qué liderar proyectos complejos y competir al más alto nivel. Pero siempre será positivo incorporar nuevas visiones, nuevas metodologías y experiencias.

Solo el tiempo lo dirá. Por ahora, lo cierto es que los cambios que hoy llenan de confianza al país parecen encarrilarnos en la dirección correcta para que más consultoras estadounidenses miren a Colombia con otros ojos. Al final, si somos socios preferentes en la diplomacia, el comercio y la política exterior, ¿por qué no serlo también en la consultoría, la ingeniería y la infraestructura?

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